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Este pollo al jengibre os encantará si sois fans de esta raíz de forma estrafalaria. Es cierto que cuando lo pruebas crudo tiene un sabor muy fuerte, casi como de colonia, que te satura todo el paladar, pero en su justa medida es posible quedarse con lo mejor de su sabor: que es el toque fresco que aporta.

El jengibre es ampliamente usado en las cocinas china y japonesa, no así tanto en la nuestra, tal vez por su fuerte sabor. Sin embargo, la implantación de la cocina asiática y, sobre todo, el surgimiento de tiendas con productos para inmigrantes están haciendo que sea cada vez más fácil encontrarlo y verlo en más preparaciones. Precisamente, nosotros nos decantamos por este plato gracias a verlo en la tienda de fruta y verdura del chino de abajo de casa.

Para acompañar el pollo al jengibre, hemos optado por unas patatas cortadas en cuartos, con su piel, y fritas a baja temperatura. ¡Qué sería un pollo a la plancha sin sus patatas! Y para completar el triángulo amoroso del sabor, unos pimientos rojos asados regados con un chorro de AOVE.  Vamos allá.

Pollo al jengibre.

Ingredientes (2 personas):

1 pechuga de pollo. 1 trozo de jengibre (del tamaño de 1 ajo grande). 1 diente de ajo. el zumo de 1/2 naranja. sal y pimienta. aceite de oliva virgen extra. perejil (para decorar) 1 patata mediana. pimientos rojos asados.

Preparación:

Cortamos la pechuga en 4 trozos medianos. Los salpimentamos. Rallamos o picamos muy fino el trozo de jengibre así como el diente de ajo y los añadimos al pollo. Añadimos un buen chorro de aceite de oliva virgen extra y, con las manos, extendemos todo para que impregne bien la carne. Rematamos con el zumo de media naranja. Dejamos macerar durante, al menos, 12 horas. En el momento de hacer el pollo, le escurrimos la marinada y lo pasamos por una sartén o una plancha con un poco de aceite. A una temperatura media-alta, para que la carne coja un buen color tostado y el interior quede jugoso. A mí se me pasó este punto y la carne no quedó tan jugosa, pero estaba buena. Mientras tanto, o un buen rato antes, lavamos muy bien la patata y la cortamos en cuartos. La freímos en abundante aceite de oliva virgen con la piel a temperatura media-baja para evitar que se queme por fuera y quede cruda por dentro. Podemos acelerar este proceso si tenemos la patata previamente cocida. Servimos las trozos de pechuga de pollo al jengibre enteros o cortados en trozos más pequeños. Acompañados de las patatas fritas y unos cuantos pimientos rojos asados aliñados con un chorro de AOVE. Decoramos con perejil picado.

Espero que os haya gustado esta receta y que si no sois muy fans del jengibre, con ella ahora lo seáis un poco más. Ya sabéis que podéis consultar más recetas de las que tenemos hechas, pinchando aquí.